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La Revolución Creativa – parte I

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Amo la música. Si tuviera un vicio, creo que en definitiva sería ese, pues no me imagino un día en el que tuviera que privarme de este sencillo placer que forma parte de mi rutina diaria casi desde que me levanto hasta que me voy a la cama.

Soy algo adicta a los sonidos, letras de canciones o voces que me hacen “click”, ya sea porque despiertan una chispa en mi cerebro o me mueven emocionalmente.  Así que constantemente estoy alimentándome de canciones tanto viejitas como nuevas, a veces instrumentales, a veces en español, otras veces en diferentes idiomas, pero principalmente en inglés. Sigo comprando CDs –aunque usted no lo crea-, me gusta escuchar música que va lazándome Youtube al azar, casi no uso el formato mp3, aunque ya adopté y estoy encantada con Spotify.

Verás, cuando alguien -como yo- está tan metido en un asunto que le interesa sobremanera, no le resulta difícil estar al corriente de las novedades en dicho ámbito y mucho menos, cuando está en contacto con otras personas que comparten estos mismos intereses.

Lo mismo me pasa con otras de mis pasiones como el emprendimiento y la educación, que es precisamente a lo que enfocamos nuestros servicios en BLS Group. Al igual que con la música, me he sumergido a profundidad para conocer más de cerca el mundo del emprendimiento y estar al pendiente de lo que sucede en el ámbito educativo, en donde tengo más de 20 años de experiencia, pero en donde nunca termino de aprender. De esta manera, gran parte de mi energía la dedico a leer libros, revistas y muchos artículos, a conocer qué están haciendo otros emprendedores, qué postean en las redes y a observar los comportamientos de las personas (qué dicen, qué hacen, cómo reaccionan ante circunstancias específicas, qué cosas son importantes para ellas, qué resultados obtienen de su toma de decisiones, etc. ) para identificar patrones, sacar conclusiones y aprender a identificar qué dirección estarán tomando estos mercados dentro de unos años.

A pesar de que aún me falta mucho camino para lograr afinar estas habilidades, claramente puedo ver que se perfilan dos principales tendencias que de acuerdo a la información que he logrado recopilar y lo que predicen varios emprendedores y expertos, van a tener un impacto importante en la forma en que vivimos y cómo nos ganamos la vida en un futuro no muy lejano. Más que estar convencida de que se avecinan estos cambios, considero que prácticamente ya son una realidad.

 

Crecimiento en los niveles de autoempleo y emprendimiento

Cada vez más personas están tomando control de la generación de sus propios ingresos trabajando bajo condiciones que rompen los paradigmas del empleo tradicional como único medio para obtener un ingreso tan comúnmente llamado “seguro” aun cuando es evidente la falta de estabilidad dentro del mundo organizacional. Si no me crees, sólo échate un clavado a ver el historial de empleos de un usuario promedio en LinkedIn para que te des cuenta del número de puestos y empresas en las que han laborado y el tiempo de duración en cada uno de estos empleos, que por lo general van de unos cuantos meses hasta 5 ó 6 años como máximo. También podrás observar que cada vez más profesionistas están ofreciendo servicios de consultoría dentro de su área de formación y coaching de manera independiente y más personas están emprendiendo sus propios negocios. Esto último lo he podido observar más marcado en personas desempleadas que tienen tiempo buscando colocarse en una empresa sin éxito, también en profesionistas jóvenes, casi recién graduados y en aquellos que están más allá de los 40 años y que han alcanzado puestos de alta dirección muy bien remunerados en las organizaciones,  pero que no tienen tiempo para su familia, ni para disfrutar su dinero; personas que ya están resintiendo en el plano de la salud los efectos de una carga excesiva de trabajo de bastantes años y también individuos que ven amenazada su permanencia en la organización por llegar a determinada edad en la que se acerca el tiempo de jubilarse. Agreguemos la cada vez más lejana posibilidad de jubilarse con una pensión decorosa.

Emprender para este último grupo de personas puede ser tanto un nuevo reto que se aborda con entusiasmo como un medio para sobrevivir en un mundo laboral en el cual rara vez eres considerado como productivo o valioso para la organización una vez que alcanzas cierta edad. Si aún no me crees, te invito a que te des una vuelta a los buscadores de empleo en internet para que veas los requerimientos de edad en la mayoría de las publicaciones de las vacantes, algunas de las cuales son publicadas por empresas que buscan subcontratar y por otras que cuentan con una alta rotación de personal.

De esta manera, podemos entender por qué el movimiento emprendedor está teniendo un rápido crecimiento en Latinoamérica y en tantos países del mundo que anteriormente no se habían caracterizado por promover esta práctica. Uno de los casos que más me llama la atención es el de Chile en donde el gobierno arrancó el proyecto Start-Up Chile en el 2010, una aceleradora de apoyo a empresas en etapas iniciales, con el que sentaron las bases para el desarrollo de un ecosistema emprendedor que al día de hoy ya tiene reconocimiento y presencia a nivel internacional como el epicentro de la innovación y emprendimiento en Latinoamérica. Me siento muy entusiasmada al ver que México y otros de nuestros países en lugar de estancarse y reaccionar de la manera acostumbrada –quejarse, frustrarse, lamentarse, criticar, evadirse en el entretenimiento y chismes- ante situaciones de crisis como la que vivimos actualmente, están haciendo grandes esfuerzos por seguir los mismos pasos y que yo al igual que otros emprendedores, estamos formando parte de este acontecimiento histórico que marcará de manera significativa no sólo la economía, sino todas las facetas de nuestra sociedad.

 

Las ideas como base de la economía en la era digital

“En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”, comentó en alguna ocasión Albert Einstein y no podría estar más de acuerdo.

Durante una gran parte de la historia de la humanidad, el elemento esencial motor de la economía fue la mano de obra, posteriormente durante la era industrial fue el capital y en la era de la información del siglo XXI lo constituyen las ideas, la imaginación, el talento; en pocas palabras, la creatividad. Todos estos son ingredientes clave para el desarrollo de la innovación, vínculo que conecta las ideas creativas con las realidades prácticas de la vida económica.

Nuestra economía está basada actualmente en el conocimiento, pues hemos logrado establecer sistemas que nos permiten generar información como nunca antes, aunque esta generación por sí sola no es lo que ha permitido que avancemos a pasos agigantados como sociedad. Ha sido necesario que las personas utilicen el conocimiento de formas creativas para resolver problemas mayores que aquejan a nuestras comunidades en tantos ámbitos de nuestra vida cotidiana como de salud, económico, educativo, del medio ambiente, entre otros. Incluso antes de que el conocimiento pueda engendrarse, primero requerimos fantasear con el mundo ideal que deseamos, imaginar procesos, productos y servicios más allá de lo que ya existe; pues todas las ideas que generamos, por muy disparatadas que parezcan, dan pie a la posibilidad de innovar. Lo que se puede imaginar, se puede crear.

Es por tal motivo que la economía creativa emerge como una potente fuerza transformadora. Está aún en pañales, pero está creciendo a un ritmo bastante acelerado impactando desde ya en la creación de nuevos empleos y generación de la riqueza.

En el Informe sobre la economía creativa emitido por la UNESCO en el 2013 se adopta la definición de Cunningham, Banks y Potts (2008, p. 17) para describir qué es la economía creativa: “un complejo sistema que obtiene su ‘valor económico’ a partir de la facilitación de la evolución económica; un sistema que produce atención, complejidad, identidad y adaptación a través del recurso primario de la creatividad”.

Economía creativa BLS Group

Newbigin, J. (2010)

Nos demos cuenta o no, todos consumimos productos creativos todos los días, por ejemplo, como yo y las demás personas que disfrutamos escuchar música, cuando leemos libros, vemos películas, usamos aplicaciones, jugamos videojuegos, vamos al cine y al teatro, tomamos cursos, usamos ropa de temporada, degustamos postres. En fin, me podría pasar un buen rato haciendo una lista de las diversas maneras en que las industrias creativas están presentes y modifican todas las áreas de nuestras vidas.

Los países industriales avanzados están muy conscientes de la importancia de las ideas y la creatividad, tan es así que están apostándole a la inversión en bienes intangibles tales como bases de datos, recursos humanos, procesos y tecnologías para ampliar más su ventaja. En su libro The Creative Economy, John Howkins, quien popularizara el término de economía creativa en el 2001, señala que “la gente que tiene ideas es ahora más poderosa que la gente que trabaja las máquinas y, en muchos casos, que los dueños de las mismas”.

De esta manera, la innovación y la creatividad humana, tanto a nivel individual como grupal, son los motores fundamentales de las industrias en actualidad y se han convertido en la auténtica riqueza de las naciones del siglo XXI.

En una segunda parte de este artículo estaré compartiendo algunas ideas sobre qué cambios considero que son esenciales que de manera personal y como sociedad deberíamos empezar a llevar a cabo desde la educación infantil escolarizada y en casa hasta el ámbito profesional con la finalidad de encaramarnos al tren de estas nuevas tendencias que ya se encuentra en marcha.


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