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¿Sabías que un niño haciendo un berrinche en público podría ser un niño con TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad), con autismo u otro trastorno del desarrollo?

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Los niños con este tipo de trastornos no muestran ninguna característica física que los identifique como tal, por lo que resulta muy común que las personas que están cerca del niño cuando presenta una rabieta piensen que son niños caprichosos, mimados e indisciplinados sobre los cuales los padres no tienen autoridad ni control.

Lo cierto es que parte de los comportamientos que acompañan este tipo de trastornos se caracterizan por muestras de impulsividad, hiperactividad, dificultad en la socialización y/o la comunicación; por lo que es muy difícil para los niños aceptar un “después” o un “no” cuando se trata del cumplimiento de sus necesidades y deseos inmediatos.

La frustración experimentada puede alcanzar proporciones fuera de lo común, ya que a estos niños se les dificulta sobremanera calmarse o expresar de manera socialmente aceptada estas emociones, tanto, que podrían mostrar rasgos obsesivos ante la insatisfacción de sus necesidades presentes.

En fiestas y otros lugares públicos, los niños pueden llegar a sentirse tan abrumados, atemorizados o ansiosos por estímulos externos como el ruido, el clima, estar en el mismo espacio con muchas personas, la agitación de los invitados, entre otros; que pueden comportarse de manera incomprensible para el resto de la gente.

¿Sabías que por esta razón los padres de estos niños suelen rehuir situaciones sociales como fiestas, salidas al cine, al restaurante o paseos al parque? Lo que para la mayoría de nosotros son actividades prácticamente cotidianas que llevamos a cabo sin contratiempos importantes, para estos padres el simple hecho de ir al supermercado a surtir la despensa puede llegar a ser un evento sumamente estresante no sólo ante la posibilidad de que surja algún evento que sirva de disparador para berrinches u comportamientos difíciles de controlar por parte de sus hijos, sino además ante las muestras de desaprobación y crítica de personas externas.

Así mismo, nunca faltan personas bien intencionadas que intentan “aleccionar” a los padres pues se acercan a estos bajo la creencia de que no se están haciendo cargo de disciplinar a los niños, cuando tal vez los padres están empleando una de las técnicas más sugeridas por los psicólogos, que es ignorar la conducta. En otras ocasiones los padres realmente no están haciendo nada por controlar la conducta, no por negligencia, sino por impotencia ante una situación que claramente está fuera de sus manos.

¿Qué puedes hacer cuando veas a un niño golpeando, pataleando, gritando o llorando en público? Como en realidad no podrás saber si es un niño que presenta alguno de estos trastornos, lo que mejor puedes hacer es ignorar al niño, más si te sientes agobiado por el comportamiento del mismo. Recuerda actuar de manera neutral manteniendo la compostura y evitando en todo momento hacer caras o comentarios negativos hacia la familia. El respeto es lo más importante en este tipo de situaciones.

En ocasiones también puede ser un buen gesto acercarte a ayudar a la madre o padre si ves que hay algo que puedes hacer para apoyarle a lidiar con la situación.

Algunas de las cosas que puedes hacer son, por ejemplo:
• Recoger cosas o productos de los estantes que el niño haya tirado.
• Estar al pendiente de las pertenencias o los otros hijos de la madre o padre mientras ésta o este se hace cargo de la situación.
• Evitar que se haga daño a sí mismo o a otras personas retirando objetos que puede usar para golpear o separándolo si está lastimando a alguien.
• Distraerlo con algún objeto o haciéndole plática de un tema que no tiene que ver con la situación.
• Ayudar a los padres a buscar al niño o a detenerlo si se va corriendo.

No podrás tener la certeza de que los padres al final sean amables y agradezcan tu ayuda, pues debes tener presente que están sometidos a una situación de un nivel muy elevado de ansiedad por lo que sus reacciones suelen ser diversas e impredecibles en cada caso. Sólo tómate las cosas con calma y vete tranquilo de haber hecho una buena obra.

Por último, si al intentar ayudar notas que estás hiriendo alguna susceptibilidad, es mejor alejarse y seguir con lo que se estabas haciendo para no crearles más conflictos a los padres de los que ya tienen.

Es sorprendente cómo nuestras acciones pueden tener un impacto importante para aligerar sentimientos de estrés y desesperación en personas que están pasando por situaciones difíciles en sus vidas, sólo tenemos que intentar ser empáticos, pues como dice el dicho “Hoy por ti, mañana por mí”.

Como reflexión final de este mensaje, les comparto esta cita del afamado educador, autor y conferencista Leo Buscaglia:
“Muy a menudo subestimamos el potencial de una sonrisa, una palmada en el hombro, una palabra amable, un oído dispuesto a escuchar, un halago sincero o el acto más pequeño por medio del cual le hacemos saber a alguien que nos importa; subestimamos el potencial que todos estos simples actos tienen para cambiar la vida de otra persona”.

 


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